para salir con el despertar
hecha trinos
y olvidar hasta que no pese
el ancla que paraliza.
Aromarse de entusiasmo
irse con lo dictado
por las ganas
de ser adentro
de la cara y la voz
lo que lleve algún lugar
donde el fuego sea agua
y el agua cubra mi cabeza
hasta el último recuerdo
de esa niña que fui
pidiendo un perfume.
Ser en lo nuevo
dejar ir al desamor
y que la poesía
escrita en papel
sane mis manos
de esa quietud
que pierde remos
en el medio de un lago
sin viento.
Amarillear como retama
en plena floración
los momentos
que se presten
con el fin
de encontrarse.


