La cercanía de una torcaza
en la tarde del domingo
donde la plaza escuchó
la lectura de mi presencia
mientras cayó con estrépito
una rama de un árbol seco
levantando el polvo del tiempo
que se va como las alegrías
de tener campanas en el cuerpo.
Vivir una plaza como la casa
a cielo abierto del encuentro
con lo mejor de una misma
mientras la luz del día se va
entre lo que disgusta y apasiona sin remedio.


