Una vuelve al juego
de las uñas flores
y el rescate
de ese rojo
pequeño mundo
aviva la ternura
de volver a verse niña
con la hermana
a la par
pintándonos el alma
mientras los pétalos
agigantaban las manos
para subir al molino
de esa magia
que nos confiaba
la hermosura
de ser color
en la acción
por tener en los dedos
encendidas alegrías
que el largo tiempo
recuerda y trae
cuando el deleite
es la simple estadía
entre malvones.


