A mis Compañeras del «E» del Magisterio.
Una se cuelga de lo que le dice
no sólo el viento en las hojas
que nos besan los pulmones
también en la melancolía
enredada entre olores remotos
donde aparecen algunas
sonrisas de la adolescencia
que jamás se olvidan
porque fueron compañeras
del tiempo brillante
de nuestras vidas
y vuelve a escuchar la música
de aquel piano «Para Elisa»
sonando de memoria
en un poema ante la noche
impregnada de ansias
por dejar todo en orden
para ser joven otra vez
cuando ocurra la mañana.


