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SEQUOIA

A mis Amigas Eli, Mariana y Estrella

Las cuatro manos

formaron un cuenco

para sostener

en cuatro piedras

al mar del encuentro

que sea aroma

cuando precisemos

oleaje en la compañía

del silencio

y planta que crezca

en la conjunción

de alegrías y penas.

Allí no sólo la tarde

conversó suelta

sacudiendo encierros

y sin mezquindad

puso el mantel

que dio por inicio

el regalo de vernos

como somos

en la confianza

que escucha

comprende

y dice

lo que siente

tal el abrazo

a un árbol

en soledad

con su universo.

Así nos llegó

la noche de ese día

en que supimos

guardar en el sostén

de los prodigios

el endulzar

la gloria del limón

en una torta

ese convite

para izar ilusiones

desde las dos copas

de una amiga

llamada sequoia.

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