Se florece con la tripulación
de recuerdos y novedades
embarcada en septiembre
por los mares del jardín
donde nos hallamos
a salvo de malintenciones
que no podrán despetalear
la condición de sustrato
por la que crecemos
y seguimos escribiendo
para que infaltables hilos
nos guien en el laberinto
por donde huyen
encierros, desamores
y cierta continuidad
del invierno que roba
algunos colores
y el ansia de llegar
a ese amado lugar
donde quizás aún
somos quienes
siempre fuimos.


