21 septiembre 2024
La que espumaba
sus manos
con el jabón
de los años niños
y con mi hermana
sabíamos
que eran helados
de la verdad
más limpia y risueña
de nuestras vidas.
La que amó
a los jazmines
desde las dos plantas
del patio de mis nonos
con la inmensidad
de sostener
que siempre serían
la voz que toca el olor
donde persiste
el sentido
de escribir el mundo
cada día con su noche
y nombrar el nombre
cada vez nombrarlo
de mi hija
en la fragancia
que une los hilos
a favor de tramas
y más tramas
de ilusión.
Soy la que lee
el silencio
en la obra
más acabada
que es mi perra
y sus ladridos
de combate o júbilo
con los que entro
al túnel o pradera
y agradezco
temporadas sin final
de nuestra amistad.
La que respira
honduras
cerrando los ojos
y llevando la mente
a pedir pausa
al caleidoscopio
de recuerdos
y a ráfagas
de pesares
para ver
nuevos verdes
que descorren el aire
y se resuelven
en azules
donde todo es feliz
mirando la primavera
a la orilla del mar.


