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MARÍA JOSEFINA

a María Josefina Santibañez Soto

Fotografía Camilo Jimenez Santibañez

A contrapelo de los mayores

sus padres ensortijaron el amor,

que concibió la orilla del río

donde mojada para siempre

con las levaduras

que azuzan desde la raíz

fue junco en cada edad,

desde el laberinto inicial

de implacables pérdidas

hasta el último paso

de la sangre.

Desde pequeña

se amarró a la vida,

un destino de certeras mareas

la meció

desde la montura del amparo.

Y entre leyendas

alejó emboscadas de ausencias,

una nodriza la restituyó

a los dominios de la leche

y la miel de peras

fue prodigioso alfabeto

para trepar con fundamento

la intemperie de su soledad.

Creció entre las ofrendas

que el campo eternizó

ante las lámparas

de nombres que aparecían

como regazo

de inacabables ternuras,

cuando el desgarro

comprendía lo que era un temporal.

Su niñez fue hilandera

de barcos

donde la partida y el regreso

indagaban desde su nacimiento,

el puerto fue escriba

ante las sedas del cariño.

Cada marca

en la constelación de su orfandad,

ella la convirtió en talismán

para habitar sin ruinas

el mundo.

Desde su primero de julio

hasta los después,

se alojó en la grupa del faro

que la remontó

a visionarias madrigueras,

donde los comienzos

no dejaron de ser

sagaces hiedras

que al trote o al galope

y nunca a ciegas

descifraron salidas.

María Josefina

mixturó en la artesa porfiada

de luceros y sombras

su condición de brújula,

que perpetuó en Siete Alianzas

con las mieses

reveladoras de arraigo,

donde pulsan los credos rotundos

que nos atrincheran

en la invencible brasa,

esa heroína arrebatada al adiós final.

La de sus heredades

entre helechos

pródigos de canto

junto a aquel canal,

donde el universo

se tejía cuadro a cuadro

en el reverso de cierto destierro.

La de sus heredades

que no deja de estilar

un agua enamorada

que da de beber

a largas conversaciones

con los pájaros de su amado.

Sí ella es brasa

que historia

a fuego pausado

un pregón

de sabio cocimiento.

María Josefina

olorosa a flores

de  junco agradecido

y de pie

en las precisas riberas

de la memoria.

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