Cómo no caminarla
con las botas
de encharcarse
y la compañía
de nuestros perros
para ir al encuentro
con los espejos
donde el cielo
se embarca.
La lluvia es del azar
su manuscrito
en ella queda
como en un aljibe
la palabra del sol
que espera
ser escuchada.
Hay que lloverse
sin postergaciones
desde la punta
de las ganas
hasta empapar
el cuero reseco
del entusiasmo
y refugiarnos
en las gotas
que al caer
abren círculos
reflejando inmensidad.


