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LEER

Empece a leer

el patio aquel

desde sus rojas baldosas

enmarcadas por un blanco

inolvidable,

de panza allí

con la fortaleza

vuelta macetas

de mi Madre.

Las letras que salían

de mis ojos

al centro mismo

de lo que sería

y fue

motivo de brújula,

me convencieron

desde la primera vez

que eso era la dicha.

Leer al mundo

como al mar,

el útero

al que siempre

se añora volver.

Leer con migas

de horizontes

libro

o señales

en miradas

en cortezas

en viajes

o en la mismísima muerte.

Simplemente leer.

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