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LAS VERDURAS Y EL DESTINO

Envenenan la vista

golpeando labores

que son el vigor

de lo que nutre.

Zancadillas a la decencia

mutilan a pleno día

lunas agrícolas

maduradas a puro músculo,

ese reloj campesino

dador de frutos

tatuados en la tierra

que acaba con el hambre.

Ver la insolencia

en el cobarde arremeter

contra puestos fraternos

es ver por el suelo

la dignidad que orienta.

La vil orden

es de quienes gobiernan

la barbarie del privilegio

que pisa la frescura

saciadora de urgencias

robando el sentido

de compartir anhelos

mostrando trabajos

buscando sustento

trocando penurias…

Pero ahí está

armada de asco

humillando el esfuerzo

la violencia

lo inseguro

la vergüenza

ese maldito pisotear

despropósito de quienes

no pueden llamarse

gente como la gente.

Habrá que cultivar

es prioritario

el hartazgo

que desmande

tamaña inmoralidad,

surco por surco

que sea más y más

el alimento consciente

para salir a las ferias

de un mundo

que sea fuente entusiasta

con el sol

que de vuelta

sucias prepotencias   

desmalezando parásitos

oprobio de siempre

así crecen

a sus anchas las verduras

de los destinos nuestros.

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