a mi Hijo Ulises Jimenez
La gratitud nos aparece
estirando los dedos
en lo babélico
de las manos
que tocan la cara
del mismísimo aire
elevando lo volantín
del destino
cuando la salud
vuelve como savia
pasado el invierno
a caminar lo ramal
en las vías
de lo paterno
protegidas
por un Navegante
que siempre permanece
en lo roble del amor
para regresar
así cual limón del vigor
y ser en lo próximo
del salir
del viajar
esa rotunda alegría
puertas afueras
y adentro
respirando entereza
por el bien
tallado en lo hecho
y el devenir
siendo el diseño
de lo propicio
que defiende
las pausas
el humor
como andar por andar
la vida sin más.


