En el volcán
donde nos inventamos
en cada estación
pero en otoño
lo hacemos
con la luz
que heredamos
de lo que ya no es.
El fuego
que encendemos
en nuestra soledad
no es erupción
sí compañía
como el libro
que se nos hace
piel para acariciar
viaje sin regreso
porque estar yendo
siempre es mejor
y macerar en quietud
el desear subir
laderas de armonías
para mirar
de otra forma
para abrazar
largamente
lo que nos queda
por conocer
y ser.


