En mi cara la sinceridad
de lo que aún me hace feliz
y es cintura de frescor
a pesar de los años
que van perdiendo color.
Para mis ansias de aguas
en la amanecida cotidiana
el ramo de mis amores
por cada época en que brillé
sin filos que cortaran
la esencia fragante de ser
como siempre se me antojó.
La tierra las plantas las flores
y algún tesoro esperando
ante los ojos de cada temor
así huye sin más por la razón
de resucitarnos desde el sol
que germina y hace crecer
el motivo sencillo de hablar
cuando se nos plazca
con quien sea, lo que sea
sin ser juzgada ni condenada
por saber el idioma impecable
de las cosas espontáneas
que cruzan el hielo mudo
de aburridas hostilidades
para besarnos apasionadamente
sin jamás darnos la espalda
y apretándonos el alma.


