La presencia de los libros
pone en mayúsculas
el acostarse en el agua
mirando las tres Marías,
sintiendo viento verde
en las mañanas
y quizas amasar
bizcochos de limón,
hablando con una misma
escribiendo
sí seguir escribiendo
y empezar cada lunes
o martes
leyendo de a uno
nuestros laberintos,
intentar comprender
no importa la salida
mientras llueva
y olorosemos
en el cuerpo del hoy
del ahora mejor
las jarillas del amor
que suceden.


