Aparece sin dar cuenta
que se olvidó de florecer
cuando el aire manda
el permiso de abrirse
y cautivar aromando
los mil sentidos
que nos declaran
con letras robustas
de frescos deseos
en afinación con la vida
amantes de nuestros latidos.
Este jazmín llegó
cuando los demás
se fueron en manada
al olvido de haber sido
hasta el otro año
en que resucitará
la blancura más sublime
que en pétalos salva
de tristes sucesos
donde concursan soledades.
Él desobediente
llegó más tarde
y es tan bien recibido
como la compañía
de quien amamos
como la música siempre
de Beethoven
porque está para recordar
que podemos ser
la fragancia del vigor
hasta cuando apagamos
tonalidades vueltas faros
donde debemos afirmarnos
desde la planta de los pies
y ante el teclado de un piano
esas propicias costas
de un océano propio
para sentirnos en plenitud
como en un bello
y rotundo concierto.


