Sabor a la tranquila
existencia de mi madre
en el cocimiento
con lentitud
desde leña traida
en el triciclo
del esfuerzo
por su padre
recolector de días
sin el agobio
de tareas lejanas
en una tierra
a la que regresó
tantas décadas
del después
para hablar
con su hermano
en un idioma
de amoroso
entendimiento.
El fuego
de la vivaz herencia
de mis mayores
da sabor
al niño que fue
mi hermano
ojos color del tiempo
y nos trae
en la ausencia
de nuestro padre
su generosa presencia
desde el otro lado
de la fotografía
que lo significa
ante una edad
raptada al instante
ese retrato
del sabor intacto
cuando fuimos felices
y quizás
no lo sabíamos.


