Que sabe mirar
y pasa por el aro
de la inocencia
a los momentos
más insospechados
acuarelando
impulsos
y otras caligrafías
del encanto
con el deseo
y los actos
intactos por vivir
en el caleidoscopio
de la espontaneidad
tan ajena a lo malo
y tan amante
de lo preciso
desde ese solar
donde afinan
beldad y alegrías.


