Lo simple que ocurra
entre nuestras manos
y el destino de las cosas
que nos miran sugerentes
es un gesto de vencer
al caos de la rutina
elevando el día
a recoger lo olvidado
para que no se marchite
el impulso enamorador
entre pasos de danza
que inmortalizan
la ternura siempre pronta
abrir la puerta del ansia
para rodearla
sencillamente
con ese abrazo
que alegra
la coincidencia de vivir.


