• A Ainhoa Yinnis
Sus bellos nombres vascos significan Alegría de la casa.
La fotografié en Isla Negra el 20 de enero del 2024
Danza con su pala
a la orilla de la inmensidad
y nos descubre
en cada uno
de sus movimientos
una y otra vez
la dicha perfecta
igual a ese momento
en que vimos
por primera vez la mar.
Su juego es infinito
como el que ofrenda
el imán del oleaje
más cuando la niñez
lo celebra con el vaivén
de ir tras él
desde la cadencia
que cautiva y enamora.
Ella con la blancura
de espumas que la visten
queda para siempre
entramada al atardecer
donde el día que se va
la encuentra fotografiada
en la eternidad de lo bello
mojada por impecables
cumbres de contentos
entre el roquerío
esculpido por rompientes
en la sístoles y diástoles
donde el planeta
ama a la luna.
El fervor oceánico
es cómplice de la delicadeza
de esta bailarina alegre
en el entrar y salir
con lenguaje de sirena
de ingenua caracola
entre delicias delfinezcas
cavando con la amistad
de su juguete rosado
herramienta y cayado
punto de diálogo
con lo magistral
la profundidad de la arena
tan doradamente gruesa
en la negra isla
que es mi lar.
Lo fantástico de instantes
entre olas de la gigantez
y cabellos de la inocencia
plenamente vividos
cuidan con el orden
prodigioso de las mareas
a la película inolvidable
que esta maravillosa niña
crea sin saberlo en el mar.
Nora Bruccoleri


