Acodados entre tus pliegues
luego de crearte por dobleces
que aliviaron los dedos
con la ternura de verte
nos lanzamos al momento
con los vientos de la mente
a esas aguas que nos den
la confianza de un bogar
que lleve despaciosamente
a olvidar encierros
y disparos de la urgencia
a surcar un tiempo único
de solturas y contento
donde la mar sea
el atrevimiento inocente
que nos solventa
para doblegar del mundo
soberanas crueldades
con soplidos audaces
de buenas intenciones
y llenar el pecho
de horizontes y llegar
algún encantado puerto
donde seamos firmes
en un encuentro
que nos temple alimonando
manzanilla y mieles
tras alejar insanos fríos
abrazando al sol
del papel que nos embarcó.


