Con las puntas
de los dedos
que pueden subir
un aconcagua
de voluntades
por los vapores
del buen sabor
bebemos sutilezas
y las yemas
de lo armonioso
trazan ondulando
la sola línea
que a cucharadas
nos convida
un pausado tiempo
de sorbos
para imaginar
desde lo enorme
en tibiezas y alientos
despedidas
a cierta pena
junto a esa visita
invisible pero locuaz
confiada al honor
de los recuerdos
y ante una taza
servida por el dibujo
de la primavera
siempre latente
en el legado
de Quienes ya partieron.


