Se agorrionan
las migas
del invierno
ese ladron
que aleja
con impertinencia
la cara del sol
en complicidad
con los años
y el ritual
de llevarse
la mano maga
que volvía
la noche día
y la luna
esa flor risa.
Agorrionarse
con alegrías
del aquí
girando
en la punta
del escribir
sin importar
escarchas
para violetar
instantes
y amontañar
el esplendecer.


