A Sergio Bruccoleri y Carlos Viera
Esculpido en un paraíso
desde la plaza mayor
de una ciudad
que se acentúa en azul
cuando mira su simiente
en la cordillera.
Tallado el arte
con las cuatro letras
que nos revelan
la a de sus arterias
pródigas de sustento
la r del radar
que descubre líneas
en las palmas
de la madera
la t de lo tuyo, mío
y de todos
cuando se obra
pensando en plural
y la e del entusiasmo
para inventar
el volver a ser
desde las manos
donde la cumbre
busca honduras
y reverbera
en el abrazo
dando la vuelta
al mundo que somos
si encontramos
lo que está detrás
de las virutas
en la escultura
que nos convertimos
por amor al arte
al árbol
que le dio vida
y sigue de pie
en la savia
del trino tallado
por lo pasionario
de sus creadores.


