Abramos la noche
con la lectura
que tiene llaves
de impecables ternuras
traidas de la niñez
donde nunca
se manchó la luna
porque la entibiamos
en redondos juegos
de siestas
sin cerraduras
para hacerla rodar
por los otoños
que nos siguen
sucediendo
entre libros
y otras tablas
para no naufragar.


