El olor de las hojas
de una planta de tomate
la llevaba a su infancia,
lo contó como un amuleto
que salvaba de olvidos
y otras maldades del tiempo.
Por eso froto ese recuerdo
y la veo niña a mi madre.
El sugestivo mundo del olfato
nos arranca en un instante
de lo minúsculo del presente
y somos gigantes
en medio de algún pasado
que no se tragó la muerte,
nos sorprende
como un tomate maduro
y aparece nuestra intimidad
aromada de universo.


