Salir al mundo
y dar la espalda
a lo mezquino
de la tristeza
que te roba la mirada
cuando urge
ser despierta
y abarcadora
ante cada marejada
llevando tiempos
sucediéndose
por ser respiro.
Irse con el deseo
volverse cuerpo
del aire oloroso
a sorpresas
que nos devuelven
la ingenuidad.


