Con la Medialuna al hombro
tinajea la palabra
como un diestro patriarca
que privilegia la memoria
acribillando a puro desvelo
y coraje
al veneno incesante
de la injusticia.
A la cabecera de la nobleza
es el retrato inconfundible
de un sol con trajines
en el zanjón prodigioso
que conspira entre sus cañas
contra la maldición de la nada.
Convincente cronista.
Risueño cultor de la amistad.
Defensor puntual
de merecidos caminos,
de pólvoras alentadoras
y guitarras definitivas
en la sinfonía del vino tinto,
músculo de tanta poesía.


