Para que se acaben
las pisadas malditas
en estos tiempos
donde sirenas
roban la trama de la noche
y a la cara del día
le pudren sus bocados
nutrirnos es urgente
con el amarillo vuelto
multitud rebelada
vigorosos limones
voz que contagie
lo mejor que somos
rescatando pioneros modos
en la decencia de salvar
la valentía de ser
siendo con los demás
concentrando latidos
al pronto sonreír
como lo hacíamos
al salir por el bien común
a los recreos liberadores
al aire que nos retrata
sin el ruido de la sombra.
Para que dejen de ahogar
el esfuerzo por levantarnos
entre escarchas de miedo
la redondez solar
que nos agiganta
en la pureza de lo bueno.
Para que aparezca cada quien
en la salud de su casa
y que ese hogar aliente
a la dignidad
macerada de radiantes
conversaciones
a la orilla de lo real
y de los sueños
el jugo límpido
desde el árbol
insobornable de lo humano
el que nos pone de pie
junto a cada cual
por la cotidiana razón
por la porfía de no perder
de no perdernos
condenemos
fuera lo criminal
la cobardía
de la complicidad
bebiendo el valor
que nos pertenece
cuidando el derecho
de respirar esa frescura
donde poder hallar paz.


