El que llega
como mañana
de domingo
alimonado
y alcanza
los jazmines
que buscaron
vigor de alturas
sólo para mirar
y hacernos
olorosar
el anhelo
del beso
al punto
esencial
de su don
y traer
al alto
viejo y tenaz
tiempo
macerado
veraz
en las manos
intactas
de acariciar
el libre andar
de los deseos
al encontrar
encumbrados
momentos
y al seguir
enamorando
a la luz
que desnuda
el ritual
más vital
que renace
pasionario
cada vez
como esa flor
siempre
gorgeante
en la línea
de la visión
por ser amor.


