a Nora Cortiñas y Osvaldo Bayer
Qué hacemos qué haremos
con la orfandad mayúscula
que nos ronda y clava
en el medio del pecho
propio de pétalos deshojados
por la maldita muerte
que se lleva la luz otoñal
y el rumbo de las estaciones
que son fuentes en el jardín
donde plantamos
la capitanía del vivir.
Orfandad
por la ausencia de Quienes
abrazaron la leyenda
en carne viva
de la historia que nada
en la sangre
que nos osamenta.
Sin duda nos queda hacer
y ser el mandato a germinar
con cada parte y todo
el cuerpo que sustenta
alientos para seguir
desde el cauce
de sus memorias
donde la colina
de lo revolucionario
es el polen invicto
lo más bueno que tenemos porque nos lo legaron.


