A Teresa Rodríguez
En el puente
del nunca olvido
está intacta Teresa
tu sonrisa tibia
con que viviste
los veinticuatro años
de tu vida
agradecida de bailes
y multiplicada
de necesidad
hasta el tiro
que aún maldecimos
por matarte
agujereando la vida
de quienes te amaban
en aquellos aires
de cutralcazos
que aún fortalecen
la memoria
de certeras luchas
que no sólo izaron
valentías patagónicas
y en tu nombre
Teresa de alegrías
permanecen
y dan significado
siendo un noble aroma
que nos reúne
flameando para ser
fruto desde la flor
sin dudas
por tu limpia mirada
por tu paso
en este mundo
que te privó
de justos sures
y nortes de alto rumbo.


