A lo que atraviesa el pecho
y no puede salir
con la manera que llueve
por los ojos la calma
sacarlo al sol
de un día junto a fuentes
comiendo uvas
y leyendo magias
a las aguas que conversan
con los árboles
con el refugio de un asiento
y con la gente que se duele
recordando a quien partió
a tanta distancia
sacarlo a la sombra
de un niño con su avión jugando
al encanto de jóvenes
en el encuentro de lo espontáneo.
Adentro no adentro no dejarlo
porque va matando
el vigor de pájaros
que le queda a las venas
por donde canta
el sentido legado
de quienes hicieron arte
con el vino, la costura
el don de sus manos
y lo risueño de lo logrado
en cada luz, en cada empeño
en la celebración y el desvelo
para apagar ardores
escribiendo lo que aún aguarda
como gajos de plantas
pidiendo ir a la tierra a enraizar
y ser razón de creer que crecer
sigue siendo uno
de los grandes asombros
que nos da contento.


