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SEVERINA

También se llama Pepina

y cuando mira

se ponen en danza

los nácares que suenan

dando bondad definitiva

al lenguaje testigo

de la alegría

más impaciente

que el tiempo

la de su ser

consagrado al aliento

que gira y salva

con ladridos incorregibles

y desde su pelaje

con lunares canelas

a la plenitud del juego

a la amorosidad

que parpadea

para quedarse

acurrucada

como un buen sueño

en lo medular

de esa amistad

con Ella.

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