A Sergio, mi Hermano
La confianza se talla
desde las manos
para luego mirar
el tiempo a cuerda
que sólo el latido
de los gestos
va dando
oportuna expresión
a lo legado
a lo querido
y deseado.
Esencial es el hablar
de nuestros dedos
entorcazados
en alguna pausa
o aleteando
con lo silvestre
de la espontaneidad
ellos son libro abierto
para quien lee
desde el minutero
de la más auténtica
nobleza que solemos
leudar en los momentos
en que comprendemos
la generosa elocuencia
que tienen las manos.


