Es tan amable
como recorrer
el laberinto
la selva
del patio
donde los niños
buscan escondites
que eligieron
nuestros perros.
Protectora
en el duelo
y en el no querer
volver al antes
del ganar
para seguir
en esta interminable
alegría de festejar
lo que nos hermana
en la calle
de las multitudes
que encienden
sólo finales
de aquellos cuentos
despiertos a iluminar
el juego que toma
el pulso a lo que será
propicio en el tiempo.


