Alguna vez me pregunté
si el universo tiene aroma a casa,
quizás por lo enorme
y por estar tan lejano
de las esquinas que nos retratan.
Y ahora en complicidad
con lo ilusorio frente a la orquesta
de la realidad que es un juego
me responden en foco
sobre otro versar
multitud de corridas y pases
de una pelota que nos hace girar
y nos reúne para ser
andanza de emociones en el país
galopante de alegrías
que guarda carozos de bronca y dolor
para plantarlos en su labriega conciencia
e impulsa al júbilo instantes
que se apropian de algunos días
tan eternos como efímeros
entre millones que despegan el aliento
y lo convierten en apasionada entrada
al arco donde la risa y el llanto
olvidan la demencia, el desamparo
de un mundo que en definitiva
vamos a dar vuelta.


