El circo azul de Marc Chagall de 1952.
Ver en la oscuridad
del cuarto ojos
que miran
se miran
y nos ven
desde un circo
amable entre azules
donde se maceran
el rojo de lo femenino,
un verde equino
de estar tranquilos
y el amarillo
que despierta
al violín de la luna
con claros ramilletes
pestañeando en órbitas
cómplices de miradas
tan necesarias
como sus acrobacias
que nadan por curvas
y líneas enamoradas
ante el rumbo
de la vista
y sus prodigios
sabia en abrir
la ventana
para curar dudas
lo descolorido
que punza
mientras escuchamos
el tambor de un gallo
y sus platillos
posado en la pierna
del descanso
ante la complicidad
del pez
que cumple tal hada
un madrinazgo
abierto a la infinitud
la pintura en los ojos
de la ternura
por quienes saben mirar
y nos leen el alma.


