Lleno el ansia de luna
y me la bebo
como marea
que empequeñece
distancias y silencios
mientras cada peldaño
de la mirada
encumbra con alhucemas
ese frescor gravitante
entre lo ancestral
que agiganta
y la validez
de cierta avecilla
del misterio
parpadeando
calculando coordenadas
para animar
la huella que no titubea
al ovillar confianzas
izadas en la candidez
de una escalera
que acerca el tímpano
a lo que dice la noche
a sus tentaciones.


