Digo mi madre
es mi niña chica
en este día
que pueden ser
los venideros
como ternura
más expresa
desde el sentir
que lleva
a quizás
intentar empezar
porque hacerlo
es darle la razón
al ramito verde
siempre fresco
del origen
hasta el nunca fin
de lo amado
a la cercanía del mar
que retorna
a ese zapato perdido
para seguir andando
con las lentejuelas
tras el polen
y dulces canciones
para coserlas
entre los pliegues
que aparezcan
en alguna noche
de pesares o miedos
sí lentejuelas
como aquellas
que Ella nos regalaba
con la sonrisa
tan bien puesta
a favor del alba.


