Desde el columpio
que nos iza
al momento
de ser en la niñez
aquella de tocar
con los zapatos
el cielo cercano
y estar siendo
en el ir
pasaje de nubes.
Viajar macera
los contentos
entre guiños
de lo espontáneo
ante siluetas
de aves que dibujan
líneas despiertas
de algún sueño
que es real
y nos lleva a las letras
narradoras del camino
para sentir
entre liviandades
el dulzor de lo nuevo
del andar
casi en vuelo.
porque un viaje abraza
a quien lo calza
como a quien lo mira
es un árbol
que nos deja
crónica de raíces
y solturas
de lo que espera
de lo que es
y sabe semillará.


